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Eventos en el País de las Maravillas

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Versión nueva de un artículo publicado en Tiempo de Crítica, No. 29. Octubre 5 de 2012

-BueTenniel_red_queen_with_aliceno, lo que es en mi país -aclaró Alicia, jadeando aún bastante – cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte…

-¡Un país bastante lento! -replicó la Reina- Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio.
Alicia a través del Espejo, Lewis Carroll 

 

Inicio y final

Todo comienza con un perro y termina igual, no podría ser de otra forma: un grupo de policías mata a una perrita,[1] el escándalo crece como una bola de nieve y se torna avalancha, la indignación de la gente se hace escuchar, se oyen opiniones, chismes, rumores, unos días más y el asunto se disipa. En realidad nunca se disipó, porque nunca fue nada, porque se agotaba en su movimiento, partículas sin masa, los episodios se agotan en sí mismos, no se insertan en una estructura; el evento se produce únicamente para revelar que no hay un tiempo, un espacio, un orden o una lógica a la cual anclarlos o quizás para hacernos notar que no hay más que meros simulacros mecánicos y procedimentales de estos y que son ellos los que se desarrollan. Un paraíso de atolondramiento, una eternidad en la nada reemplaza al tiempo y al espacio, el barullo -y ocasionalmente el goce- del evento singular o hipersingularizado[2] desplazan al sentido y nos sumimos en la autorreferencialidad absoluta. 

 

Injusticia

En medio de esta mezcla de inmediatez y atemporalidad, de la polémica –siempre insuficiente cuando se compara con la crítica– surge una voz (un amigo mío) quien afirma considerar irónico que hubiera una marcha por un perro asesinado por cinco policías pero que por el otro lado a nadie pareció preocuparle –por lo menos lo suficiente para organizar una manifestación – el hecho de que a dos mil quinientos jóvenes, quizás más, los asesinara el Estado colombiano con el objetivo de hacerles pasar por miembros de la guerrilla y mostrar resultados de su combate contra el terrorismo en los medios. Crímenes que en su momento fueron llamados falsos positivos, un eufemismo para terrorismo de Estado. No es del todo cierto que no se hayan realizado marchas por esos casos, lo que sí es cierto es que el revuelo que se armó por el caso del animal fue mucho mayor, especialmente en el espacio mediático. La particularización, la caída en la singularidad que devora el lenguaje se asoma en cada resquicio: la marcha por esos jóvenes bien podría añadirse a la lista de lo hipersingular junto al anunciado grito de los defensores de los animales que dirán que estos últimos también tienen derechos y que esos dos mil quinientos humanos no valen más que un can. Dejando de lado todas las preguntas que abre para mí ese tema,* quiero resaltar que me llama la atención el que se pierda de vista el bosque a favor de un árbol, no tanto como una injusticia puede eclipsar dos mil quinientas sino como nos perdemos en una injusticia y dejamos pasar a la Injusticia sin siquiera mirarle de reojo. Pero no es un mero ocultamiento, no es eso lo que considero problemático – de haber ocultamiento no bastaría más que revelar, que desocultar y dejaría de haber algo sobre lo cual arrojar nuestras preocupaciones; el asunto es que no hay nada que revelar, la injusticia se ha naturalizado, se ha vaporizado y atomizado a tal punto que sólo podemos ver los casos particulares. Sólo acudimos a medidas burocráticas autorreferentes: la marcha, la denuncia ante tribunales ineficientes, el procedimiento que desplaza a la Política y la Ley, y son esos rituales los que hacen el papel de marco para lo singular. Queremos combatir la injusticia, o mejor: queremos combatir las pequeñas injusticias, con las reglas de juego, con las leyes, de un sistema radicalmente injusto. Combatimos la injusticia con la Injusticia.

 

Totalidades y partículas

Quizás muchos recuerden Crónica de una muerte anunciada, escrita por el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez. En esa novela el lector cae víctima de una terrible imposibilidad: la de construir un relato consistente alrededor de la muerte de Santiago Nasar, la de pronunciar algo así como una verdad; siempre que sentimos la tentación de afirmar algo, nos sobrecoge la sensación de que se quedaría en pura hipótesis. A pesar de que se cuenta con toda la evidencia e incluso los detalles más nimios alrededor del incidente, es imposible saber a ciencia cierta qué fue lo que pasó. En ese sentido esa novela quizá sea la obra más posmoderna del Gabo. Algunos asocian con ese relato y con dicha técnica narrativa una imagen que atrae ahora mi atención: la del espejo trizado, la del todo perdido e irrecuperable, la imposibilidad de sentido, de interpretación, de cualquier hermenéutica de lo que es ya una mera colección arbitraria de hechos o cosas. Curiosamente el mismo inconveniente tenía el capitalismo para Lukács, al que adjudicaba el hecho de haber producido una ruptura entre la totalidad y el hombre. El hombre burgués –decía– no puede captarse en –ni captar– la totalidad, sino que percibe la realidad como una serie de fenómenos inconexos, como un mero amontonamiento tras del cual no se esconde orden ni estructura alguna. No es difícil coincidir con el filósofo húngaro y extender su crítica de la clase burguesa al hombre del capitalismo tardío: no hay totalidad… a no ser que llamemos así al perpetuo y banal movimiento que tanto caracteriza nuestra época. No se trata sólo de haber roto un espejo, sino de que al ver las partes no podemos reconocer a qué objeto pertenecían.

Para ilustrar este punto también tenemos el concepto de heterotopía foucaultiano y en particular la mención que de su planteamiento hace Sandino Núñez.[3] Este filósofo presta especial atención al uso que de cierta historia corta de Borges[4] hace el pensador francés; en ese relato el escritor argentino hace referencia a una enciclopedia ficticia (Emporio celestial de conocimientos benévolos) donde se clasifican los animales en:

a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas.

Al respecto comenta Núñez:

La risa de Foucault al enfrentarse a esta clasificación (o con este simulacro de clasificación) es inocultablemente incómoda, inquieta: el exotismo de ese pensamiento remoto indica los límites del nuestro. La proximidad de lo Real está en que el truco de la secuencia alfabética solamente sirve para delatar y enfatizar la radical ausencia de organización y sentido. Nada hay detrás del gesto obsesivo de ordenar el mundo conocido según la secuencia a, b, c, d… Los objetos no se apoyan sobre nada, no hay un chasis que permita la clasificación: un mero amontonamiento o una mera yuxtaposición envueltos en el aire rígido del orden taxonómico. La hipersingularidad asfixiante de cualquier casillero (“los que acaban de romper el jarrón”, “los que de lejos parecen moscas”, el bótox de Kadafi, la autopsia a un extraterrestre, una conspiración golpista en Centroamérica) parece el contrapeso de la angustiosa e ilimitada indeterminación de la propia clasificación. No hay un principio organizador, no hay una verdad, no hay un punto de Arquímedes: por lo tanto hay orden, ceremonias y rituales de orden. O bien cosas singulares, concretas, clavadas sobre el fondo de un cuadro inmóvil, incapaz de toda plasticidad, agramaticales, o bien mera fluidez indeterminada del rumor, de la opinión o del chisme.

Menciono lateralmente el curioso título del cuento borgiano, El idioma analítico de John Wilkins, que hasta cierto punto pone en evidencia la imposibilidad del pensamiento analítico, epistemológica y científicamente correcto anglosajón –y de algunas posturas de aquello que se llamó posmodernismo en filosofía– de proveernos con un segundo nivel explicativo, un metanivel, un metalenguaje  y ya nos sugiere la necesidad de mirar hacia otro lugar. A la lista que hace el filósofo uruguayo sin duda podríamos agregar el caso del pobre animal que me movió a escribir esta nota: aunque de distinta procedencia, hace parte del mismo fenómeno cultural que se resume en sus últimas líneas, a las que agrega más adelante: Vivimos en la heterotopía de lo privado: la comunicación y los intercambios. Frase alarmante no únicamente por el sentido inmediato sino por sus implicaciones: siendo nuestra era culturalmente heterotópica, gran parte de la actividad humana, incluidas muchas de las luchas contra el capitalismo terminan en no ser más que parte de esas listas donde lo único que sus elementos tienen en común es la inconexión.

 

Códigos y contagios

La afirmación con la que terminé el párrafo anterior nos deja frente a otras preguntas: ¿esto realmente sucede? si esto sucede ¿cómo lo hace? Podemos hallar pistas en eso que Baudrillard llamaba el código. En algún momento y en partes de su obra, especialmente hacia sus últimos escritos, este filósofo encontraba bastante similaridad entre la manera en que operaba la lógica tardocapitalista y el comportamiento de los códigos (informáticos, genéticos) y de los virus (informáticos y biológicos); analogía con la cual logra describir como el código propio del sistema nos constituye, como se replica incluso allí donde creemos que no lo hace o según él, como somos el código. Para los colombianos será fácil entender qué es replicación de código si notan como, a partir de la desaparición de las grandes cabezas visibles del narcotráfico, nace el narcoparamilitarismo[5], que sería una forma atomizada de narcotráfico, su encarnación heterotópica. Se persigue al pequeño capo de la droga, el caso aislado, la corrupción del Estado y de la sociedad -y aun más importante, sus causas- no son visibles, el sentido desaparece aquí también y tenemos fenómenos singulares, irreductibles dotados de nombres propios, aquí también se asoma otro síntoma de nuestra condición.

Pero siendo su causa -como propongo- un asunto cultural, el síntoma no se limita a los fenómenos que vemos como puramente capitalistas –cosa que ya habíamos mencionado antes– sino que también aparece en aquello que creemos libre de trazas de capitalismo, en parte porque esos espacios supuestamente libres de él, son zonas de respuesta a los fenómenos hipersingulares y participan de la hipersingularidad misma, que permea al sistema. Recordemos la advertencia de Baudrillard en el parágrafo anterior: cual si se tratara de un virus –tómese en el sentido que se tome el término– se instala incluso donde menos se espera; también advierte ese pensador contra la lógica de mensaje/respuesta, envío/reenvío propia del tardocapitalismo, la cual constituiría la base para lo descripto anteriormente. La tolerancia liberal, la corrección política y el multiculturalismo funcionan como clones del mercado y el consumo: una ajustada y opresiva normativa llena de reglas y rituales que quieren prevenir cualquier desvío, cualquier aberración, un ingenuo enfoque a modo de pensamiento mágico, atacando las consecuencias para prevenir la causa; normas operando a un nivel microscópico con la apariencia de libertades, que garantizan el continuo abastecimiento y la incesante circulación de las opiniones (doxa), además de su consumo, sin que jamás las Ideas se enfrenten: sin que haya una lucha por la tecnología social que pemitiría esgrimirlas. Las llamadas microluchas a su vez, se comportan como lenguajes de consumo; cosa que se hace evidente en su fragmentación (de nuevo lo hipersingular inconexo) y en que hay de todos los colores y sabores y para todos los gustos, además en sus técnicas de atracción de nuevos adeptos, más parecidas a técnicas de marketing que a ejercicios políticos. El código se replica y elegimos qué lucha consumir: feminista, ecologista, de reconocimiento (gay, racial, animalista, étnica, etc.) y dejamos de lado la Lucha.** De nuevo el sentido se desvanece ante, o mejor: es absorbido por la lista borgiana, la parálisis o el movimiento y el flujo absolutos.

En esta encarnación de lo heterotópico, en que sin duda reconocemos un camino paralelo entre el capitalismo y las microluchas, la atención a la minucia, a la nimiedad, se hace más notoria y en la posmodernidad  lo hace a través de una tendencia a modificar pequeños detalles que a su vez modifican el paisaje evitando cualquier asidero firme, cualquier reconocimiento en él, que garantizan que todo siga igual[6] y por otro lado atacan síntomas en vez de curar la enfermedad.[7] Cuando Žižek trata este asunto,[8] además de señalar lo anteriormente dicho, apunta también a una problemática ético-moral que no podemos dejar de lado, aunque no se relacione directamente con el tema de esta nota, y es el grado de cinismo que está implícito en no curar la enfermedad sino lidiar con sus síntomas y prolongarla. Las luchas y las nuevas izquierdas participan de una lógica típica de los mecanismos disciplinarios; por citar uno de ellos, la pena de muerte, en la que se elimina al criminal pero no las causas de la criminalidad, fortaleciendo precisamente lo que se supone combate. Todo comienza con un perro y termina igual… la conclusión aterradora parece ser que el posmocapitalismo,[9] cual partícula subatómica con espín cero, posee la propiedad de mostrar la misma cara sin importar cuánto rote: un psicótico país de las maravillas donde se corre para permanecer en el mismo lugar, y en esa carrera las microluchas -en un ejercicio más propio de la pirotecnia debido a su ruido, despliegue y fugacidad- han entrado a hacer de un coro de Alicias.

 

El mantra de la fábrica y la crítica

Para concluir, hay algo que llamo el mantra de la fábrica (que se resume en haz, no pienses) y está relacionado con la necesidad agobiante de hacer de la sociedad posmoderna y con la ingenua distinción entre el hacer y el pensar. No uso el término hacer en el sentido de un hacer creativo, o de un hacer relativo a la praxis ligada a algún tipo de enfoque o paradigma filosófico, sino ese hacer que nos exigimos sólo por hacer y por la (auto)demanda de resultados y de una eficiencia consistente en prontitud y otras variables numéricas. La fábrica invade cada esfera de la vida: ni siquiera se puede hacer una distinción entre producir y consumir a la antigua usanza, dado que el afán del consumismo y del productor son uno solo, no se distingue un acto del otro, ambos se sumen en la lógica del hacer.

Sin ir muy lejos, en Facebook  gozamos, supuestamente por medio de un servicio gratis, pero ¿en realidad es así? El desgaste, en ocasiones adictivo de la mayoría de usuarios del sitio, que conlleva a que otros consuman gracias a sus publicaciones, y que reciban la publicidad que le inunda, se asemeja más a una jornada laboral, que al igual que en las compañías del capitalismo tardío, es manejada por el trabajador libremente en cuanto a distribución y otros detalles nimios y particulares, sin que en lo general pueda de cualquier forma escapar a ella, imposibilidad presente en el propio pensamiento. Es goce convertido en trabajo, en producción que mediante el hiperconsumo sostiene la maquinaria y la mantiene en perpetuo movimiento. No podría dejar de mencionar como los constantes cambios en la plataforma de Facebook parecen reflejar la tendencia posmocapitalista de cambiar para que todo siga igual, que se encarna en cada empresa -especial pero no únicamente las privadas- en la forma de modificaciones de funciones, horarios, políticas, rutinas, etc. Tendencia que ha llegado incluso hasta las izquierdas como dije anteriormente. En la otra cara de la moneda, vemos que en las oficinas de Google  hay salas de recreación, restaurante, guarderías, y se desciende por toboganes a todas ellas, para que el trabajo no se haga monótono ni desagradable. El aire acondicionado de las compañías de ese estilo no podría faltar. Allí el trabajo se convierte en goce, lo que de forma macabra reafirma la opresión en vez de disminuirla en su intento por maquillarla.

Este mantra, esta invasión de la esfera económica-productiva-consumista en los demás espacios propios de lo humano es lo que considero aqueja también a las microluchas. Nadie quiere rebeliones, revoluciones o modificaciones sin cambios inmediatos. La era de la inmediatez exige y exige ya, cual amo invisible e interno, pero esta demanda es paradójicamente paralizante por dos razones principalmente: porque ningún cambio se produce milagrosamente, de un momento para otro y sin por lo menos un poco de racionalidad, y porque al ver que ningún cambio puede ser producido bajo las condiciones de esa demanda sólo queda la resignación como vía. La misma exigencia también podría ser otro avatar de lo singular inconexo: no hay metalenguaje que nos haga aptos para un proceso, sólo para cosas aisladas e inmediatas. Encontrando un punto de enlace entre lo particular y lo universal Badiou nos habla en su principal obra[10] del Acontecimiento. Algo así como una ruptura acompañada de una especie de afirmación o actitud, que por ser tal ya se constituye en acto. Es la subjetividad envuelta en una apuesta, a la que el francés llama procedimiento de fidelidad, y que desligada del estado de la situación particular preserva la ruptura y haciéndolo permanece innominada. Mi apuesta y también propuesta, es que la crítica juega un papel importante en el esfuerzo por mantener el desligamiento, la innominación y la ruptura, mi apuesta es porque la crítica es un hacer no vinculado al mantra de la fábrica, porque es simultáneamente acto y cambio, búsqueda y guía de soluciones, y al mismo tiempo y en sí misma, solución. ***

_____________

[1] Me refiero al caso de una perrita torturada y asesinada por cinco policías colombianos que produjo la indignación del pueblo colombiano y una marcha a principios de Febrero de 2011. 

[2] Tomo prestados el término y la base para mi introducción de Sandino Núñez en su ensayo  Assange, el secreto y las rutinas de la insurrección. El término aparece en la parte 2, segundo párrafo. http://www.facebook.com/note.php?note_id=176521222367632

[3]  La referencia a Foucault y Borges se encuentra también en Assange, el secreto y las rutinas de la insurrección. Parte 2, segundo párrafo. 

[4] El idioma analítico de John WilkinsJorge Luis Borges. http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/borges3.htm
También relacionado con el tema tenemos a Funes el memorioso.  http://www.taringa.net/posts/arte/3125351/Funes-el-memorioso_-Jorge-Luis-Borges_.html

[5] El narcotráfico se me antoja capitalismo al desnudo: en él se hacen evidentes el consumismo y la adicción, la capacidad de los jefes para deshacerse de sus empleados -la fantasía erótica de cualquier jefe capitalista- y el libérrimo mercado, los cuales son defendidos por encima de las personas y la dignidad humana.

[6] Confiéranse los primeros minutos del documental franco-colombiano De la servidumbre moderna por Jean-François Brient. http://www.youtube.com/watch?v=H5myInQaQ5M

[7] ¿Qué es lo que se fuga en WikiFugas? John D. Hernández Rey. http://www.facebook.com/note.php?note_id=174625609223860

[8] Video basado en Primero como tragedia, luego como farsaSlavoj Žižek. http://il.youtube.com/watch?v=YdezVlHLWHE

[9] El término posmocapitalismo sólo lo he leído en el trabajo de Sandino Núñez; no sé si es su creación, pero aclaro en caso de que así sea. 

[10] Ser y acontecimiento (1988). Alain Badiou. 

* Encuentro interesante el hecho de que los animalistas (como se ha dado en llamar a los defensores de los animales) sostengan una supuesta igualdad en todos los niveles entre éstos y los humanos, a la vez que su interés refleja la asimetría misma del hecho de que los derechos animales no son, ni pueden ser defendidos, más que por la especie humana. Es necesario, contrariamente a lo que hacen los animalistas, admitir esta asimetría para entender por qué maltratamos los animales y por qué tenemos la responsabilidad de defenderles.

** Al respecto la primera respuesta de Sandino Núñez en esta entrevista: http://sandinonunez.blogspot.com/2010/03/la-correccion-es-un-simulacro-de.html

*** Sobre la angustiosa prisa que produce en nosotros el mantra de la fábrica y las posibilidades del Evento  de Badiou la siguiente nota: http://pequenamoleskine.wordpress.com/2010/06/11/al-hilo-de-alain-badiou-yo-vengo-al-acontecimiento-%C2%BFy-usted/

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